EL SUELO: DEPOSITO DE NUTRIENTES

Suelo, cubierta superficial de la mayoría de la superficie continental de la Tierra. Es un agregado de minerales no consolidados y de partículas orgánicas producidas por la acción combinada del viento, el agua y los procesos de desintegración orgánica.

Los suelos cambian mucho de un lugar a otro. La composición química y la estructura física del suelo en un lugar dado están determinadas por el tipo de material geológico del que se origina, por la cubierta vegetal, por la cantidad de tiempo en que ha actuado la meteorización, por la topografía y por los cambios artificiales resultantes de las actividades humanas. Las variaciones del suelo en la naturaleza son graduales, excepto las derivadas de desastres naturales. Sin embargo, el cultivo de la tierra priva al suelo de su cubierta vegetal y de mucha de su protección contra la erosión del agua y del viento, por lo que estos cambios pueden ser más rápidos. Los agricultores han tenido que desarrollar métodos para prevenir la alteración perjudicial del suelo debida al cultivo excesivo y para reconstruir suelos que ya han sido alterados con graves daños.

El conocimiento básico de la textura del suelo es importante para los ingenieros que construyen edificios, carreteras y otras estructuras sobre y bajo la superficie terrestre. Sin embargo, los agricultores se interesan en detalle por todas sus propiedades, porque el conocimiento de los componentes minerales y orgánicos, de la aireación y capacidad de retención del agua, así como de muchos otros aspectos de la estructura de los suelos, es necesario para la producción de buenas cosechas. Los requerimientos de suelo de las distintas plantas varían mucho, y no se puede generalizar sobre el terreno ideal para el crecimiento de todas las plantas. Muchas plantas, como la caña de azúcar, requieren suelos húmedos que estarían insuficientemente drenados para el trigo. Las características apropiadas para obtener con éxito determinadas cosechas no sólo son inherentes al propio suelo; algunas de ellas pueden ser creadas por un adecuado acondicionamiento del suelo.

2 Naturaleza del suelo

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Los componentes primarios del suelo son: 1) compuestos inorgánicos, no disueltos, producidos por la meteorización y la descomposición de las rocas superficiales; 2) los nutrientes solubles utilizados por las plantas; 3) distintos tipos de materia orgánica, viva o muerta y 4) gases y agua requeridos por las plantas y por los organismos subterráneos.

La naturaleza física del suelo está determinada por la proporción de partículas de varios tamaños. Las partículas inorgánicas tienen tamaños que varían entre el de los trozos distinguibles de piedra y grava hasta los de menos de 1/40.000 centímetros. Las grandes partículas del suelo, como la arena y la grava, son en su mayor parte químicamente inactivas; pero las pequeñas partículas inorgánicas, componentes principales de las arcillas finas, sirven también como depósitos de los que las raíces de las plantas extraen nutrientes. El tamaño y la naturaleza de estas partículas inorgánicas diminutas determinan en gran medida la capacidad de un suelo para almacenar agua, vital para todos los procesos de crecimiento de las plantas.

La parte orgánica del suelo está formada por restos vegetales y restos animales, junto a cantidades variables de materia orgánica amorfa llamada humus. La fracción orgánica representa entre el 2 y el 5% del suelo superficial en las regiones húmedas, pero puede ser menos del 0.5% en suelos áridos o más del 95% en suelos de turba.

El componente líquido de los suelos, denominado por los científicos solución del suelo, es sobre todo agua con varias sustancias minerales en disolución, cantidades grandes de oxígeno y dióxido de carbono disueltos. La solución del suelo es muy compleja y tiene importancia primordial al ser el medio por el que los nutrientes son absorbidos por las raíces de las plantas. Cuando la solución del suelo carece de los elementos requeridos para el crecimiento de las plantas, el suelo es estéril.

Los principales gases contenidos en el suelo son el oxígeno, el nitrógeno y el dióxido de carbono. El primero de estos gases es importante para el metabolismo de las plantas porque su presencia es necesaria para el crecimiento de varias bacterias y de otros organismos responsables de la descomposición de la materia orgánica. La presencia de oxígeno también es vital para el crecimiento de las plantas ya que su absorción por las raíces es necesaria para sus procesos metabólicos.

3 Clases de suelo

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Los suelos muestran gran variedad de aspectos, fertilidad y características químicas en función de los materiales minerales y orgánicos que lo forman. El color es uno de los criterios más simples para calificar las variedades de suelo. La regla general, aunque con excepciones, es que los suelos oscuros son más fértiles que los claros. La oscuridad suele ser resultado de la presencia de grandes cantidades de humus. A veces, sin embargo, los suelos oscuros o negros deben su tono a la materia mineral o a humedad excesiva; en estos casos, el color oscuro no es un indicador de fertilidad.

Los suelos rojos o castaño-rojizos suelen contener una gran proporción de óxidos de hierro (derivado de las rocas primigenias) que no han sido sometidos a humedad excesiva. Por tanto, el color rojo es, en general, un indicio de que el suelo está bien drenado, no es húmedo en exceso y es fértil. En muchos lugares del mundo, un color rojizo puede ser debido a minerales formados en épocas recientes, no disponibles químicamente para las plantas. Casi todos los suelos amarillos o amarillentos tienen escasa fertilidad. Deben su color a óxidos de hierro que han reaccionado con agua y son de este modo señal de un terreno mal drenado. Los suelos grisáceos pueden tener deficiencias de hierro u oxígeno, o un exceso de sales alcalinas, como carbonato de calcio.

La textura general de un suelo depende de las proporciones de partículas de distintos tamaños que lo constituyen. Las partículas del suelo se clasifican como arena, limo y arcilla. Las partículas de arena tienen diámetros entre 2 y 0,05 mm, las de limo entre 0,05 y 0,002 mm, y las de arcilla son menores de 0,002 mm. En general, las partículas de arena pueden verse con facilidad y son rugosas al tacto. Las partículas de limo apenas se ven sin la ayuda de un microscopio y parecen harina cuando se tocan. Las partículas de arcilla son invisibles si no se utilizan instrumentos y forman una masa viscosa cuando se mojan.

En función de las proporciones de arena, limo y arcilla, la textura de los suelos se clasifica en varios grupos definidos de manera arbitraria. Algunos son: la arcilla arenosa, la arcilla limosa, el limo arcilloso, el limo arcilloso arenoso, el fango arcilloso, el fango, el limo arenoso y la arena limosa. La textura de un suelo afecta en gran medida a su productividad. Los suelos con un porcentaje elevado de arena suelen ser incapaces de almacenar agua suficiente como para permitir el buen crecimiento de las plantas y pierden grandes cantidades de minerales nutrientes por lixiviación hacia el subsuelo. Los suelos que contienen una proporción mayor de partículas pequeñas, por ejemplo las arcillas y los limos, son depósitos excelentes de agua y encierran minerales que pueden ser utilizados con facilidad. Sin embargo, los suelos muy arcillosos tienden a contener un exceso de agua y tienen una textura viscosa que los hace resistentes al cultivo y que impide, con frecuencia, una aireación suficiente para el crecimiento normal de las plantas.

4 Clasificación de los suelos

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Los suelos se dividen en clases según sus características generales. La clasificación se suele basar en la morfología y la composición del suelo, con énfasis en las propiedades que se pueden ver, sentir o medir —por ejemplo, la profundidad, el color, la textura, la estructura y la composición química—. La mayoría de los suelos tienen capas características, llamadas horizontes; la naturaleza, el número, el grosor y la disposición de éstas también es importante en la identificación y clasificación de los suelos.

Las propiedades de un suelo reflejan la interacción de varios procesos de formación que suceden de forma simultánea tras la acumulación del material primigenio. Algunas sustancias se añaden al terreno y otras desaparecen. La transferencia de materia entre horizontes es muy corriente. Algunos materiales se transforman. Todos estos procesos se producen a velocidades diversas y en direcciones diferentes, por lo que aparecen suelos con distintos tipos de horizontes o con varios aspectos dentro de un mismo tipo de horizonte.

Los suelos que comparten muchas características comunes se agrupan en series y éstas en familias. Del mismo modo, las familias se combinan en grupos, y éstos en subórdenes que se agrupan a su vez en órdenes.

Los nombres dados a los órdenes, subórdenes, grupos principales y subgrupos se basan, sobre todo, en raíces griegas y latinas. Cada nombre se elige tratando de indicar las relaciones entre una clase y las otras categorías y de hacer visibles algunas de las características de los suelos de cada grupo. Los suelos de muchos lugares del mundo se están clasificando según sus características lo cual permite elaborar mapas con su distribución.






La Tierra se compone de tres partes: la atmósfera, que es la capa de gases que permiten la respiración dentro del planeta; la hidrósfera, compuesta de agua que permite la vida, y la litósfera, la superficie sólida de la Tierra, que nos proporciona los nutrientes apropiados.
Bajo la litósfera y, por tanto, en el interior de nuestro planeta, hay tres capas:

La corteza terrestre es la capa externa de la Tierra; su grosor oscila entre 3 y 70 kilómetros. Se divide en corteza oceánica (ubicada bajo los océanos) y corteza continental (ubicada bajo los continentes). La primera tiene un grosor que oscila entre 3 y 15 kilómetros y está compuesta por rocas oscuras denominadas basaltos. La corteza continental, por su lado, consta de una gran variedad de rocas.
El manto es una capa rocosa y sólida que llega hasta unos 2 885 kilómetros de profundidad y que corresponde al 82 %, aproximadamente, del volumen de la Tierra.
El núcleo se compone fundamentalmente de hierro y níquel. Se divide en núcleo externo y núcleo interno: el primero es una capa metálica fundida donde la circulación de materia en el planeta en rotación genera el campo magnético de la Tierra; el núcleo interno, en tanto, es una esfera rica en hierro, que a pesar de su elevada temperatura (debido a la gran presión) se encuentra en estado sólido.
Figura 1: Esquema de las distintas capas del planeta

¿Qué es el suelo?

El suelo cubre la mayor parte de la superficie terrestre. Es parte de la corteza terrestre junto con las rocas y es, con el aire y el agua, uno de nuestros recursos naturales indispensables.
El suelo es una combinación de materia mineral y orgánica, agua y aire. La composición de los suelos varía, pero siempre están presentes los mismos cuatro componentes.
Aproximadamente la mitad del volumen total de un suelo de buena calidad está compuesta por una mezcla de roca desintegrada y descompuesta (materia mineral) y de humus, los restos descompuestos de la vida animal y vegetal (materia orgánica). La otra mitad son espacios porosos donde circula aire y agua entre las partículas sólidas. La porción mineral del suelo suele ser mucho mayor que la orgánica; el humus es un componente esencial dado que es una fuente de nutrientes vegetales que, además, determina la capacidad del suelo para retener agua. Esta aporta los nutrientes solubles, la humedad. El aire, en tanto, es la fuente de oxígeno (O2) y dióxido de carbono (CO2) necesarios para que vivan en el suelo plantas y microorganismos.
Por otro lado, las rocas que acompañan al suelo están formadas por una serie de compuestos químicos como silicatos, óxidos y carbonatos, que se encuentran unidos a algunos metales (como cobre) formando los minerales del suelo.

¿Cómo está compuesto el suelo?

1. Compuestos inorgánicos que no se disuelven y se forman como efecto de la descomposición de las rocas superficiales. El suelo posee partículas de distintos tamaños, principalmente de piedra, arcilla y grava. Las pequeñas sirven como depósito de nutrientes y también determinan en gran medida la capacidad del suelo para almacenar agua, que es, como ya sabemos, elemento vital para la vida.

Figura 2: Clasificación de los suelos

2. Los nutrientes solubles utilizados por organismos que viven en el suelo, como bacterias y vegetales.

3. Materia orgánica, viva o muerta, formada por restos vegetales y animales (aquí está la materia orgánica llamada humus). Representa entre el 2 y el 5 % del suelo superficial de las zonas húmedas, siendo menor a 0,5% en los áridos y mayor de 95% en los suelos de turba.

4. Aire y agua requeridos por las plantas y por los organismos subterráneos. Entre los gases encontramos grandes cantidades de oxígeno (metabolismo y crecimiento de las plantas), dióxido de carbono disuelto y nitrógeno. El agua o solución del suelo es esencial, ya que gracias a ella los nutrientes son absorbidos por las raíces. Su ausencia produce esterilidad en el suelo.

¿Cuáles son los tipos de suelos más comunes?

Según la composición del suelo en relación con sus minerales y componentes orgánicos, podemos determinar su grado de fertilidad. Así, únicamente viendo el color se puede determinar la variedad de suelo en el cual está. Los tipos de suelos más comunes son el pedalfero, el pedocal y el laterita.

Suelo pedalfero: se caracteriza por una acumulación de óxidos de hierro y arcillas ricas en aluminio. Los suelos están mejor desarrollados bajo la vegetación forestal, donde grandes cantidades de materia orgánica en descomposición otorgan condiciones ácidas al suelo.
Suelo pedocal: se caracteriza por una acumulación de carbonato cálcico. Este tipo de suelo se encuentra en lugares secos, con praderas y vegetación arbustiva. En zonas áridas puede haber una capa rica en calcita, denominada caliche. En esas áreas apenas penetra el agua a las profundidades, ya que es retenida por las partículas del suelo de la superficie hasta que se evapora.
Suelo laterita: este tipo de suelo se presenta en climas cálidos y húmedos. Contiene una alta concentración de óxidos de hierro y aluminio. El primero proporciona un color rojo característico. La actividad bacteriana es muy elevada en los trópicos y prácticamente no hay humus. Las condiciones antes señaladas indican que este tipo de suelo no es apto para el cultivo agrícola.
Minerales

¿Qué son los minerales?
Un mineral es una sustancia de origen natural con una composición química característica. La mayoría de los metales se encuentran como compuestos inorgánicos y formando la estructura del suelo o en ríos o lagos, donde sedimentan hacia capas inferiores de la litósfera.
Un depósito mineral que goza con concentraciones adecuadas para su extracción es denominado mena, en el ámbito de la economía.